LA XUNTA OCULTA DATOS SOBRE INTOXICADOS. PARTE I

La irresponsable actitud de la Administración Pública está consiguiendo que se pierda una oportunidad única de adquirir experiencia médica y sanitaria para futuras crisis y para conseguir el resarcimiento de daños.
Tras más de cien días de crisis, siguen el desastre ambiental, la repercusión económica, las negligencias y, sobre todo, el valor y la entrega de los voluntarios. Todavía no se ha mencionado ni estudiado suficientemente la tragedia sanitaria ni sus implicaciones socioeconómicas.
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Gran parte del personal de tierra (militar, oficial y voluntario) así como los marineros de la Ría de Arousa, que salieron con sus embarcaciones a atajar la marea negra, han sufrido o sufren problemas de salud.

Náuseas constantes, fatigas, dolores persistentes de cabeza (en ocasiones, incluso calambres), punzadas en el hígado, irritación ocular, trastornos del sueño, falta de apetito... son sólo algunos de los síntomas iniciales de las personas que se han visto expuestas a la intoxicación por hidrocarburos.

EL DESASTRE EN LA LAGOA DE CARREGAL

La incompetencia, la dejadez o, simplemente, el silencio culpable de las autoridades, ha propiciado aquí que los casos de intoxicación se cuenten por centenares entre los voluntarios dedicados a recoger chapapote.

No se hacen análisis serios a los afectados (ya que todavía no se ha medido la concentración de metales pesados) ni se hacen estudios epidemiológicos a la población costera, sobre todo entre los grupos de mayor riesgo: niños, ancianos, embarazadas o enfermos crónicos.

En Corrubedo, una mujer joven declaraba que había pasado de tener una bronquitis crónica a padecer bronquitis asmática. Cuando hablamos con el farero, éste dijo que se encontraba de baja laboral y con la retranca propia del gallego dijo por lo bajo: “por fumar, ya sabéis...” señalándonos el mar.

Naturalistas han observado alteraciones nerviosas y de comportamiento en aves aparentemente limpias. No se espantan a distancias mínimas, vuelan y caminan torpemente. La mortandad ha sido muy elevada y alcanza cotas impensables en otras catástrofes, lo que indica el grave peligro potencial.

A día de hoy, irresponsablemente, las autoridades siguen sin hacer o publicar control alguno sobre la población que vive en la zona contaminada. Nuestros niños continúan respirando chapapote.

Demasiados ejemplos inquietantes nos deberían obligar a más eficacia y prevención. Desde su Camelle adoptivo, hace pocas semanas, llegó la triste noticia de que el artista y eremita alemán que construyó un mundo con lo que reciclaba y lo que la Naturaleza le brindaba, Man, había fallecido... y dicen que fue de tristeza.

Ladeira, Corrubedo. Diciembre, 10. En toda la playa, se necesita atención por diversas exposiciones como impregnación, inhalación o cortes. M.Caruncho.

Así, uno de los primeros intoxicados atendidos en el hospital da cuenta de su caso: “Nadie nos alertó del peligro. El material que nos facilitaron los primeros días, a cuentagotas, era de pésima calidad. Apenas guantes de goma y mascarillas de papel, de las que se emplean para el polvo... y se nos llegó a pedir que lo reutilizáramos. Este material lo entregaba la empresa TRAGSA y no siempre llegaba a todos los voluntarios. Muchas personas limpiaban la playa con sus propias ropas y con las manos desnudas, ya que en las casetas de esta empresa se negaban a facilitar los medios de protección. En los víveres que se nos daban incluían la leche, cuando ahora se prohíbe su consumo. Pude ver, durante el tiempo que pasé en aquella playa, como cada día se atendía a una o dos personas en la ambulancia, como alguno caía desfallecido... pero claro, se achacaba a problemas de alergias o otras afecciones que se acrecentaban al estar en la zona. Yo pasé dos semanas limpiando, durante doce horas diarias y ya desde el primer momento me sentí mal. Llegaba por la noche a casa con fuertes dolores de cabeza, pero por la mañana, al levantarme, me sentía mejor, excepto por el cansancio, claro. Hasta el día que ya no pude más, el dolor de cabeza se transformó en calambres y sentía agudas punzadas en el hígado, fue cuando decidí ir al hospital. Acudí por urgencias al Hospital Provincial, en Santiago de Compostela, donde me hicieron análisis de sangre, electrocardiograma y otras revisiones, siempre sin darle mayor importancia a mi caso. Me mantuvieron allí durante unas cuatro horas y luego me enviaron a casa con las instrucciones de mantener un reposo relativo y alejarme de la zona contaminada. Al día siguiente no aguantaba, los dolores se acrecentaron y decidí ir a otro hospital. En este caso fue al Clínico, también de Santiago. Allí, al verme todo era distinto que en el otro hospital, me sometieron a una atención exquisita, debía ser aquello a lo que llamaron protocolo a seguir para los intoxicados por fuel. Comenzaron por un test de varias preguntas, sobre el tiempo de exposición, medidas de seguridad (mascarillas, guantes, gorro, etc.) luego procedieron a hacerme diversos análisis, entre ellos el de orina y a partir de ahí me suministraron suero por vía intravenosa y oxígeno durante las seis horas que pasé. Ahora me encuentro en situación de baja laboral, pasando revisiones fijas semanales.”

Pero también, por decenas y en toda la costa, se cuentan los casos de personas que, teniendo problemas de salud anteriores a la catástrofe y residiendo en zonas donde la concentración de estos residuos es alarmante, han acrecentado sus problemas de modo muy notable. La carencia de los debidos estudios epidemiológicos sobre las poblaciones más sensibles semeja tener visos y proporciones de auténtica negligencia criminal. La cuestión, sin duda, es muy seria en todas sus aspectos e implicaciones.

Con todo, no ha sido la única persona con la que hemos podido hablar sobre problemas con su salud a partir de la exposición al vertido tóxico.

El Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores de Puebla del Caramiñal Manuel Maneiro, mencionó su propio caso, en este fragmento de la entrevista concedida a SOSCORRUBEDO, durante su huelga de hambre: “Llevo desde el 13 de noviembre sin dormir, no veo nada más que chapapote. Ya he estado un día entero en el hospital, con una mascarilla, respirando algo, no sé, sería un tónico, para limpiar los bronquios, que los debía tener atascados. Y éstos (los políticos) se creen que lo haces a propósito... y no es así. Yo antes de esto estaba más feliz que nadie, me marchaba al mar, cogía un pez e iba para casa más contento que un cuco, si me daban tres pesetas ya era feliz. Me encontraba muy pesado por las noches al respirar, picores de garganta, en los ojos, sobre todo muchas molestias al respirar. En el hospital me hicieron un cuestionario, sobre el tiempo que había estado expuesto o si había usado mascarilla, entre otras cosas.”

El propietario de una batea de la Ría de Arousa, Francisco Vicente Rebollido, que había salido con su barco a recoger el chapapote en Aguiño comentó: “Unos días salí al mar en barco, otros limpié desde tierra, vaciando bidones de chapapote en contenedores en el puerto de Aguiño. Al cuarto día tuve que abandonar, me quedé totalmente afónico, con muchos problemas respiratorios, dolores de cabeza, nauseas y sobre todo cansancio. Ahora subo unas escaleras y me duele todo el cuerpo, las piernas, el pecho... Fui al médico y lo achacó al tabaco, pero yo ya fumaba antes y nunca me había ocurrido esto. Usé mascarilla, pero claro, eran de esas mascarillas de papel... y los primeros días no. Usamos nuestra ropa de aguas, nadie nos dio otras, ni había nadie que nos explicara lo que debíamos hacer, como recoger el fuel o como protegernos. Sé de compañeros que pasaron por el hospital, pero yo sólo estuve en el Ambulatorio donde me dieron unos sobres para tomar. Cuando me vieron llegar y les dije que venía del chapapote dijeron ¡otro más!, pero no me hicieron ni caso. Hace ya una semana, pero si llega más chapapote yo iré a recogerlo con mis compañeros.”

Estos son sólo algunos fragmentos de las entrevistas mantenidas con personas intoxicadas por la limpieza del fuel de la costa gallega, pero hemos conversado con muchos más voluntarios y marineros que también notaban las negativas consecuencias de la exposición al vertido venenoso. Y no sólo son ellos, los que salieron a destrozarse contra el chapapote y la ineptitud.

En nuestros diversos viajes por las distintas zonas y pueblos cercanos a la costa pudimos apreciar y contrastar que existe una cantidad significativa de personas en diversos grupos de riesgo que, apreciablemente, muestran distintas afecciones o agravamientos de estas, muy posiblemente, relacionadas con las concentraciones partículas tóxicas que, provenientes del vertido, pudiesen hallarse en el aire y/o en el agua de lluvia merced a la apabullante dinámica climática de la costa gallega.

Ladeira, Corrubedo. Diciembre, comienzos. Voluntarios locales limpian sin apenas medios de protección, expuestos por vías cutánea y respiratoria. E.Trigo.
Ladeira, Corrubedo. Diciembre, 7. Hay mayor variedad de material, pero en muy escasa cantidad. El impacto, al final de la jornada, es demoledor. M. Caruncho.
Ladeira, Corrubedo. Diciembre, mediados. Aún se usan mascarillas de papel; escasean los trajes integrales desechables; a veces, hasta faltan guantes. E.Trigo.
Ladeira, Corrubedo. Diciembre. Sin duda alguna, en lo estadístico y lo personal se derivarán muy graves consecuencias para la salud, particularmente a medio y largo plazo. E.Trigo.
Ladeira, Corrubedo. Diciembre, mediados. Pese a las drásticas reducciones de jornadas y especificaciones sobre los períodos máximos de exposición permitidos, los trabajadores siguen cayendo. E.Trigo.

Parte médico oficial de uno de los intoxicados por exposición al vertido venenoso. Desgraciadamente, el número total de afectados asciende a millares, incluso con las cifras manipuladas a las que siguen tratando de acostumbrarnos. Mulligan.

por Mulligan
Manuel Maneiro, uno más de los que lo dieron todo, incluído el riesgo de su integridad personal, en la heróica lucha contra el vertido. Mulligan.

En casos anteriores, como el del Erika, las autoridades galas sabían a que se enfrentaban. Presentes en el fuel, altas concentraciones de metales pesados (como plomo o zinc) y, sobre todo, de hidrocarburos aromáticos (como benzopireno) invitaban a extremar las precauciones en la manipulación directa por parte del personal de limpieza, ya que todos estos agentes químicos se consideran altamente cancerígenos y mutágenos. No ha sucedido así, en absoluto, con el Estado Español, durante la absurda, persistente y gravísima marea negra del petrolero Prestige.

Francisco V. Rebollido, afectado por el vertido tóxico, ya en los primeros días de limpieza en mar y en tierra, afirma que volvería a hacerlo. Mulligan.
Porto de Camelle; diciembre, inicios. Una anciana se protege del ambiente altamente agresivo y tóxico en el que se ha transformado su entorno vital. E.Trigo.
Porto de Camelle; diciembre. Una de las últimas fotos de Man, en su casa-museo. Sin protección, resistió más de un mes a pie de verquido, en uno de los puntos citados como de máxima concentración. ¿Por qué no ha habido un estudio toxicológico completo?. E.Trigo.